La compra, hoy en día, de una cizalla para la reducción volumétrica de la chatarra es una elección difícil que requiere una información y una valoración atentas de las características constructivas de la máquina en la jungla de ofertas de la que hoy dispone el mercado.
Para definir las oportunidades de compra se podía usar el término «numerosas», pero «jungla» es más apropiado, porque entre los proveedores se esconde una multitud de improvisadores y de pseudoproyectistas.
La cizalla es una inversión importante que debe prever una vida útil de al menos 20.000 horas de trabajo honrado y, a ser posible, con buena salud: en funcionamiento continuo, sin aumento de los costes de mantenimiento ni reducción de la productividad respecto a los primeros meses de trabajo.
La cizalla es, hoy más que nunca, una elección que, como consecuencia de una decisión poco acertada, puede convertirse con el tiempo en un coste muy superior a la amortización.
En un mundo tan racional como el nuestro, es irracional equivocarse en la decisión sobre lo que, para la mayoría de los parques de chatarra, es el eje en torno al cual gira la producción.
Un eje del que normalmente se dispone de un solo ejemplar, y si se para, ¡son dolores de cabeza!
No creo que estas pocas notas sean completas y exhaustivas en cuanto a los criterios de elección, pero intentan dar indicaciones de carácter general sobre los fundamentos que una cizalla destinada al tratamiento de la chatarra debe tener hoy.

Las cizallas hidráulicas para el tratamiento de la chatarra aparecieron a principios de los años 50, con pocos fabricantes y pocas pretensiones. Cajas de 5 metros de compresión lateral, con anchos de corte medios de 600 mm y fuerzas de corte que rondaban las 500÷600 toneladas.
En aquellos años, la compresión y el cizallado automático del «hierro viejo» se realizaban con «prensas&cizallas» de accionamiento hidráulico voluminosas, pesadas, difíciles de cargar y gestionar, caras y destinadas solo a pocos usuarios.
En los años 70, en Estados Unidos, un fabricante (Mosley) introduce en el mercado una cizalla de 250 toneladas de fuerza de corte, con 6 metros de caja, tapas oscilantes de «alas ortogonales» y un ancho de corte de 800 mm: ligera, poco voluminosa, manejable, con posibilidad de carga por los dos lados, con pocos caballos instalados, sencilla, pero sobre todo con precios y costes de gestión accesibles para un mercado más amplio.
Una idea nueva que descoloca al mercado de las máquinas construidas hasta entonces: comienza la nueva era de las «prensas&cizallas».
Desde entonces todo ha cambiado y las máquinas han evolucionado teniendo en cuenta las exigencias económicas y de gestión de los «trabajadores de la chatarra».
Las dimensiones y los sistemas de precompresión de las cajas se han adaptado a las fuerzas de corte y al tipo de chatarra a cizallar.
Este cambio radical de tendencia constructiva también ha sido posible gracias a la introducción en el mercado de tecnologías nuevas y más avanzadas y a la disponibilidad de materiales modernos con elevadas características mecánicas.

En la elección de una cizalla es obligatorio prestar atención a los costes de gestión y, en primer lugar, a los costes de instalación.
Por tanto, máquinas monolíticas, a ser posible sobre bastidor autoportante, que no necesiten permisos especiales ni cimentaciones.
Máquinas rápidas y fáciles de posicionar, gestionar y reposicionar.
La chatarra hoy exige el respeto de condiciones de suministro precisas que garanticen los requisitos previstos por el legislador y por el cliente.
Requisitos relacionados con las emisiones a la atmósfera durante la fase de fusión, con menores cantidades de escoria y con menores costes de producción gracias al uso de materiales «limpios» y listos para el horno.
Por eso la chatarra de recogida, la chatarra ligera y los vehículos fuera de uso han tomado o están tomando caminos diferentes respecto a un pasado reciente, y a la cizalla le queda menos chatarra que procesar, con la tarea más pesada de cizallar materiales difíciles y tenaces, voluminosos y estructurados.
Por tanto, cizallas más eficaces y flexibles, que se adapten a los tipos de chatarra más diversos.
Fuerzas de corte que aumentan sensiblemente, dimensiones de cajas que por capacidad se ajustan a las nuevas exigencias.
Hace solo unos años triunfaban las cizallas de 300 toneladas de fuerza de corte con cuchillas de 600 mm y cajas de 5 metros, aptas también para la producción de paquetes.
Hoy una de 500 toneladas ya se considera una cizalla pequeña, la cuchilla nunca mide menos de 800 mm de longitud, y aumenta con la fuerza de corte, y las cajas tienen una longitud nunca inferior a 6/7 metros y una apertura superior a 2,4 m (las dimensiones 2,4x6/7 m corresponden a las de la plataforma de un camión para el transporte de la chatarra de entrada).
La calidad del producto cizallado se está imponiendo a la cantidad.
La elección de la cizalla, al tener que soportar solicitaciones más duras que antes, pasa siempre por los parámetros fundamentales, según indicaciones básicas comunes e imprescindibles.
Por tanto, una cizalla debe elegirse en función de su solidez, eficiencia y flexibilidad.
La forma de evaluarla es dividir la máquina en sus componentes fundamentales: el diseño y la construcción, la cizalla, la caja de precompresión y el sistema hidráulico y de mando.
El primer elemento que distingue una cizalla de otra es el FABRICANTE.
¿Tiene el tamaño, las máquinas herramienta y la estructura para construir una cizalla?
Los verdaderos fabricantes de cizallas son pocos: mejor echar un vistazo a la empresa proveedora para darse cuenta personalmente de quién ha diseñado la máquina y de dónde y cómo está organizada la producción.
En la práctica, vayan a ver adónde va a parar su dinero.
ING. CLAUDIO COLOMBO