Nadie produce chatarra por encargo. Puede parecer una afirmación obvia, pero encierra una realidad bien conocida por quienes trabajan en el reciclaje de metales: la chatarra es el resultado involuntario de la actividad industrial y de nuestro consumo. Nace como un residuo y solo se convierte en materia prima porque existe una forma de reutilizarla y, sobre todo, porque hay alguien dispuesto a comprarla.
Incluso en una economía plenamente circular, conviene no perder esto de vista. La chatarra se recoge, se procesa, se vende y se reutiliza, pero todo ello solo tiene sentido si existe una demanda por parte de las acerías y de los fabricantes de nuevos productos. Son quienes la utilizan quienes sostienen toda la cadena de valor: sin un mercado, la chatarra carecería de valor, nadie se ocuparía de recogerla y acabaría simplemente dispersa.

Lo que exige el mercado
El material debe recogerse, procesarse y transportarse de acuerdo con la normativa vigente, y entregarse conforme a estándares precisos. En primer lugar, debe tener el tamaño adecuado, ya que una chatarra correctamente reducida se transporta mejor, cuesta menos moverla y permite optimizar el llenado de la cesta del horno. Además, debe clasificarse por categorías, con una composición conocida y perfectamente definida, porque quien la funde debe saber exactamente qué está comprando. Por último, debe estar limpia, para reducir las emisiones y evitar el desperdicio de recursos valiosos.
Basta con osservare un montón de chatarra mixta y voluminosa para comprender hasta qué punto está lejos de cumplir estas exigencias. Ocupa espacio, es difícil de manipular y mezcla materiales que deberían separarse. Tal como está, tiene poco valor.
Dónde comienza la transformación
Aquí es donde entra en juego la trituración, el primer paso real para transformar un residuo en materia prima. Reducir la chatarra a un tamaño homogéneo permite separarla de manera eficaz: mediante sistemas magnéticos adecuados instalados aguas abajo, la fracción ferrosa se separa de los metales no ferrosos y de los materiales inertes, permitiendo que cada fracción siga su propio proceso de valorización. También significa optimizar las cargas y el transporte, además de alimentar de forma regular todas las etapas posteriores de la planta.
En otras palabras, la trituración es el momento en que un material desordenado empieza a convertirse en algo que el mercado reconoce y por lo que está dispuesto a pagar.
La respuesta de TAURUS
Las cizallas rotativas DELTA han sido diseñadas precisamente para este trabajo. Gracias a sus ejes contrarrotativos, que giran a baja velocidad con un par muy elevado, reducen el tamaño de grandes cantidades de materiales de distinta naturaleza: chatarra ligera y procedente de recogida selectiva, electrodomésticos, vehículos fuera de uso descontaminados, residuos voluminosos y desechos industriales.
En las próximas semanas explicaremos cómo funciona una cizalla rotativa, por qué es más segura que otros sistemas de trituración y qué ventajas puede aportar a toda la planta. Mientras tanto, si desea descubrir cómo valorizar mejor su chatarra, le invitamos a conocer la gama DELTA de TAURUS y a encontrar la solución que mejor se adapte a sus necesidades.
TAURUS, Your Scrap Solution